La paciencia se agotó. Celadores, aseadoras y gestoras de alimentos de la Institución Educativa Rural San Lorenzo, en Shiruría (Manaure), decidieron salir a la vía como acto de protesta pacífica, luego de más de seis meses sin recibir pago por sus servicios.

La difícil situación económica los ha llevado al límite: muchos están endeudados, los prestamistas los presionan, las tiendas ya no les fían y en varios hogares ya no hay alimento suficiente. “Estamos cansados de tantas promesas”, dicen con desesperanza.

El operador contratado asegura que no ha recibido los giros de la Gobernación, mientras que desde la Secretaría de Educación afirman estar gestionando una solución. Entre tantas versiones cruzadas, lo único cierto es que las familias siguen esperando respuestas y sobreviven como pueden.

La protesta se mantiene en el kilómetro 12 de la vía Manaure–Uribia, sector Casa Azul, donde los trabajadores aseguran que permanecerán hasta obtener un compromiso real del gobernador Jairo Aguilar.

Una comunidad que educa, limpia y alimenta a los niños hoy clama por lo más básico: su salario. Una deuda que no es solo económica, sino también moral.

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